El otro día en las noticias escuché hablar por primera vez de esta patología, y decidí investigar un poco más sobre el tema. Los datos no pueden resultar más alarmantes.
Más del 55% de los cirujanos plásticos estadounidenses afirman haber atendido a pacientes que solicitaban cirugías para mejorar su imagen en los “selfies”. O para parecerse a su imagen con filtros.

¿Qué es un “selfie”?
El acto de autofotografiarse generalmente mediante un Smartphone, para luego compartir en redes sociales. La palabra de origen inglés selfie define no solamente a los autorretratos, también a aquellos sujetos obsesionados con publicarlos y compartirlos, necesidad basada, indican expertos, en moda social caracterizada por la idea de que sólo existe lo que está en los medios.

El problema se acrecienta, sobre todo, cuando se aplican filtros a esas imágenes que distorsionan la realidad. Un artículo publicado por investigadores del Departamento de Dermatología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, señala el surgimiento de un nuevo trastorno llamado “Dismorfia de Snapchat”. En el artículo, los investigadores afirman que vivimos la era de los autorretratos —o «selfies»— editados digitalmente y de estándares de belleza en constante cambio.

Hace décadas, la gente deseaba parecerse a estrellas de cine cuyo aspecto dictaba el canon de belleza del momento e idealizaba la «perfección» que éstos y éstas lucían en revistas y pantallas de cine y televisión. Pero ahora, señalan los investigadores, gracias a apps. como Snapchat o Facetune, esa misma «perfección» está al alcance de cualquier persona con un smartphone, y ya no son sólo los famosos quienes imponen los cánones de belleza, sino también los compañeros de clase o trabajo, los amigos o los amigos de los amigos.
El problema con ello es que el aspecto fascinante —aunque falso— al que cualquiera puede acceder gracias a Snapchat puede hacer mella en la autoestima de cualquiera, promoviendo la creencia de que cualquiera que no luzca así en la vida real es inadecuado o será rechazado, llevando a veces al desarrollo del trastorno dismórfico corporal o a otros trastornos del espectro obsesivo-compulsivo.
La «dismorfia de Snapchat», se presenta cuando un paciente busca cirugías plásticas para parecerse a las imágenes editadas y filtradas de sí mismos que se obtienen con dicha aplicación. Así, el canon de belleza se inclina por labios más carnosos, ojos grandes, pómulos marcados y una nariz delgada. Esta tendencia, según los investigadores del artículo publicado, es alarmante porque dichos filtros presentan rasgos que son totalmente incompatibles con la anatomía humana y las capacidades de la cirugía plástica actual, lo cual está difuminando la línea entre la realidad y la fantasía entre estos pacientes. Cuando el cirujano detecta la presencia de este BDD (trastorno dismórfico corporal por sus siglas en inglés), la ruta de acción no es la cirugía sino una intervención psicológica que incluye terapia y medicamentos. Finalmente, los investigadores sugirieron que el tratamiento para este trastorno debe incluir una aproximación empática, amable y sin prejuicios ante el o la paciente.

La principal tarea de padres y educadores ante este tema es enseñar a los menores a ver el mundo sin filtros para aprender a apreciar la verdadera belleza, tarea difícil pero necesaria si no queremos hacer frente a un problema peor.